Costa Rica. Parte 4, Puerto Viejo y el Parque Nacional Cahuita
En 2.015 el destino de nuestras vacaciones volvió a ser Centroamérica. Queríamos pasar unos días en el archipiélago panameño de Bocas del Toro, al que ya dediqué una entrada en este blog, y aprovechamos la combinación de vuelos más favorable para visitar parte de la costa caribeña de Costa Rica, incluyendo el Parque Nacional Cahuita.
En el sureste de Costa Rica
Por la combinación de vuelos, tuvimos que pernoctar en Miami, ciudad que no tuvimos oportunidad de visitar, pues decidimos quedarnos cerca del aeropuerto.
En el aeropuerto de Miami, antes de tomar el vuelo a San José
Llegados a San José, hicimos un ameno transfer hasta la localidad costera de Puerto Viejo de Talamanca, donde teníamos nuestro alojamiento.
Nuestro recorrido en coche desde el aeropuerto de San José hasta Puerto Viejo
Alli nos alojamos en unas tranquilas cabañas rodeadas de verdor. Desde ellas podíamos ir andando hasta la ciudad y allí contratamos quien nos acercara al parque al día siguiente.
La cabaña en la que nos alojamos en Puerto Viejo
Un parque de selva y playa
El Parque Nacional Cahuita es una zona costera protegida, que afecta tanto al bosque húmedo del litoral como a los arrecifes coralinos en el mar.
La visita la puedes hacer por tu cuenta y es un fácil recorrido por un sendero costero, donde se pasa por una serie de playas en las que te puedes dar un chapuzón, por lo que, lo mejor es llevar el bañador.
En la entrada al parque Cahuita
En el mes de julio, cuando visitamos el parque, es temporada de lluvias. La vegetación es más verde y exuberante pero, por contra, el mar está más agitado y el agua no está cristalina ni de color turquesa.
La playa de Cahuita, al inicio del sendero
Desde el inicio del trayecto nos topamos con interminables hileras de hormigas cortadoras de hojas (o arrieras), en su incansable tarea de trocearlas y transportarlas.
Trozos de hojas cortados y transportados por las hormigas arrieras
También muy abundante la llamativa, y venenosa, Bocaracá o serpiente de pestañas, de pequeño tamaño y de color amarillo o blanco. Vimos varias de ellas, siempre subidas a ramas o en los troncos de los árboles, completamente estáticas.
Serpiente de pestañas amarilla ovillada en una rama fina
De cerca, su aspecto es más inquientante...
...al igual que su mirada
Los ejemplares blancos son más difíciles de distinguir, camuflados en la corteza de los árboles
En época de lluvias el suelo se vuelve pantanoso, así que, algunas partes del recorrido discurren por pasarelas o rodajas de troncos de árbol.
Larga pasarela en un tramo del recorrido
Caminando sobre rodajas de troncos de árbol
De tanto en tanto, el sendero se conduce al mar, llevando a pequeñas calas donde la vegetación llega hasta el agua. Alli se pueden ver los estratos rocosos del arrecife de coral. En un día de mar calmado, se puede hacer snorkel. Nosotros llevábamos nuestro equipo, pero el agua estaba demasiado agitada y turbia como para poder practicarlo.
Una de las pequeñas calas con palmeras, arena y arrecife de coral
Ante una palmera de crecimiento horizontal
Además de los abundantes pizotes y monos aulladores, pudimos ver un ejemplar de largarto que, apesar de su apariencia, es completamente inofensivo.
El lagarto basilico, un dragón inofensivo
Subidos a las copas de los árboles también pudimos ver a los perezosos, muy difíciles de diferenciar cuando no están en movimiento.
Perezoso en las ramas altas de un árbol
Hacia el final de la caminata se llega a las playas más amplias y arenosas, donde no nos privamos de un buen baño, aprovechando que el sol hizo su aparición.
Una de las solitarias playas de arena del parque donde se puede tomar un baño
Y también hacer ejercicio en lo troncos de las palmeras inclinadas.
Al final del recorrido lineal, esperamos a ser recogidos para regresar a Puerto Viejo tomándonos un batido de frutas naturales en un chiringuito a la salida del parque.
Tomando un refrigerio al final del trayecto
Los alrededores de Puerto Viejo
Nos quedaba una jornada de estancia en Puerto Viejo de Talamanca antes de emprender camino hacia Panamá, que dedicamos a visitar algunas de sus playas, muy frecuentadas por surferos que vienen principalmente de Estados Unidos a tomar sus grandes olas.
Desde la misma ciudad sale un sendero litoral que, atravesando el bosque tropical, lleva a las mejores playas de los alrededores. La primera es conocida por sus piscinas naturales fromadas por el arrecife que las protege del oleaje.
Las piscinas naturales de la playa de Puerto Viejo
Al igual que en Cahuita, el recorrido por el bosque tiene el entretenimiento de localizar en las copas de los árboles a los numerosos perzosos.
Avanzando por el sendero litoral de Puerto Viejo
Un perezoso hecho un ovillo
Un perezoso moviéndose lentamente por las ramas
Al final de la playa de Puerto Viejo se encuentra el mirador de Talamanca, con vistas a la isla Cocles, una gran roca cubierta de frondosa vegetación cerca de la costa.
El mirador de Talamanca con la isla Cocles al fondo
La isla Cocles vista desde el mirador
El sendero finaliza en la playa Cocles, de arena fina y dorada, que es la más demandada por los surfistas para navegar en sus trenes de olas gigantescas.
La playa Cocles
Vista frontal de la isla Cocles desde la playa
Empleamos nuestro paseo de ida y vuelta en bañarnos en las playas, especialmente en las piscinas naturales cercanas a Puerto Viejo, libres del oleaje y con esto terminamos nuestra estancia en Costa Rica.
Al día siguiente, nos iríamos en un transfer hasta Sixaola, donde cruzaríamos a pie el puente internacional Sixaola-Guabito y entraríamos en Panamá, para ir a pasar unos días a Bocas del Toro, etapa que ya recogí en una de las primeras entradas de este blog.
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