viernes, 13 de febrero de 2026

Costa Rica. Parte 1, Manuel Antonio y Nauyaca

 

En el verano de 2.014 viajamos hasta Costa Rica para recorrer algunos de sus parques nacionales de la costa pacífica en un viaje de unos 10 días. Un año después, pasamos por el Parque Nacional Cahuita, en la costa caribeñ, antes de marchar a Bocas del Toro en Panamá, estancia de la que ya tengo una entrada en este blog.

Primera etapa: Manuel Antonio

Después de un vuelo desde Londres a San José con escala en ¡Madrid!,  tomamos un transfer hasta la ciudad de Quepos, en el que tuvimos poca oportunidad de hablar con el conductor, porque pasó casi todo el viaje hablando por su móvil. El trayecto, de unos 150 kilómetros nos tomó unas tres horas y media en una carretera en buen estado pero con muchas curvas.

Recorrido de nuestro transfer entre San José y Quepos 

A mitad de camino paramos en el Puente de los cocodrilos, sobre el río Tarcoles, en cuyas orillas fangosas se acumulan estos reptiles.

Cocodrilos en el río Tarcoles


Llegamos a Quepos con tiempo para instalarnos en nuestro hotel, buscar un lugar para cenar en las animadas calles de la ciudad e irnos a descansar para la visita al parque del día siguiente.

El recorrido al Parque Nacional Manuel Antonio se compone de dos senderos que conducen a las playas de arena blanca Espadilla Sur y Manuel Antonio, cada una a un lado del itsmo de una pequeña península llamada Punta Catedral, por la que se hace un sendero circular. La entrada al parque permite permanecer en estas playas hasta la hora de su cierre.

El día de nuestra visita, uno de los senderos estaba cerrado, así que nos limitamos a recorrer el que conduce hasta la playa Espadilla Sur. A la entrada del parque hay guias que se ofrecen para acompañarte en el recorrido y servirte de sus catalejos para observar mejor la fauna. Nosotros lo recorrimos por libre y aprovechábamos los lugares donde se paraban los grupos con los guías para prestar atención a sus punteros láser que señalaban a dónde mirar.


Nuestro grupo en la entrada del parque

El sendero es, en realidad, una carretera abierta en la densa vegetación y es en los márgenes de ella donde se puede observar la vegetación.


En el sendero a la playa Espadilla Sur

Entre el follaje, y bastante camuflada, descubrimos esta pequeña rana deslizadora o rana del Chocó que tiene unos grandes ojos rojos.


la pequeña rana deslizadora (Agalychnis spurrelli) 


Otra especie propia de América central es la largatija espinosa, que se mueve entre la hojarasca.



Al igual que los reptiles y anfibios, el más buscado de los mamíferos del parque, el perezoso, también se camufla perfectamente entre la vegetación y es fácil que uno pase de largo sin percatarse de su presencia. En Manuel Antonio vimos la variedad de tres dedos llamada de garganta marrón.


Perezoso entrevisto entre el follaje del bosque

Perezoso de garganta marrón (Bradypus variegatus) 


Los primates también están bien representados en el parque. Nosotros pudimos observar y fotografiar al mono cariblanco y ver en las copas altas al mono aullador y escuchar sus alaridos que resuenan por toda la selva.


Pareja de monos cariblancos
 

El sendero entre la selva desemboca en la playa Espadilla Sur, la más larga de las playas de Manuel  Antonio.


Playa de Espadilla Sur

Un corto sendero conduce al otro lado del itsmo, donde se encuentra la ensenada de Manuel Antonio con una preciosa playa más pequeña que la anterior donde nos quedamos a pasar el resto de la jornada.


Panorámica de la ensenada de Manuel Antonio


Vista de la ensenada de Manuel Antonio con Punta Catedral al fondo

El sol tropical pegaba de plano ese día, con un cielo sin nubes. Afortunadamente, la playa tenía abundante vegetación que nos permitía estar a la sombra cuando no estábamos en el agua.


Allí estuvimos acompañados de los pizotes y las iguanas, que merodeaban tranquilamente entre nuestras pertenencias. Letreros advertían de no dejar mochilas a su alcance porque acostumbraban husmear en ellas.


Pizote o coatí 

Un pizote intentando robar nuestra mochila

Pizotes sesteando

Iguana aprovechando una zona soleada

Después de un buen rato de mar y playa nos animamos a hacer el sendero circular de Punta Catedral, que resulta bastante más cansado por tener pendientes.

Cartel del parque al inicio del sendero

En el sendero de Punta Catedral

Manuel Antonio quedó más bien como una agradable jornada que como una visita a un parque nacional. Volvimos a nuestro hotel en Quepos y, para el día siguiente teníamos un traslado concertado al Parque Natural Nauyaca para visitar su cascada.

 En esas fechas se estaba jugando la fase final del mundial de fútbol y Costa Rica ebullía con su selección. Nadie quería perderse los partidos y eso incluía al conductor con el que habíamos concertado el transfer para las cataratas Nauyaca, que nos citó bien temprano para poder estar de vuelta a la hora del partido.

Después de una hora de carretera asfaltada, nos metimos por un camino de tierra con bastantes subidas y bajadas por las que el coche tenía muchos problemas para pasar. En un momento dado, decidimos que lo mejor era continuar a pie. El conductor nos dió indicaciones para no perdernos y nos cito en el mismo lugar unas horas más tarde.

La primera referencia era un puente colgante sobre el río Barú. Desde allí se iniciaba un sendero que nos habría de llevar hasta una cancela de madera donde una persona nos permitiría pasar previo pago de la entrada. 

El puente colgante sobre el río Barú

En el inicio del sendero a las cataratas

El sendero avanzaba por la orilla del río, en medio de una vegetación exhuberante y con mucha humedad en el ambiente que no nos permitía mantener un buen ritmo.




En el camino nos entretuvimos en ver la flora y los pequeños insectos, como estas hormigas tropicales cortadoras de hojas y los llamativos hongos conocidos en Costa Rica como Copitas.

Hormigas cortadoras de hojas transportando su cosecha

La Cookeina speciosa, hongo de color rojo de las selvas tropicales

Finalmente, llegamos a la cancela, donde tuvimos que pagar a un paisano el pase por su propiedad privada que conducía a las cataratas, que tienen dos grandes saltos. El primero, aguas arriba, tiene una poza más pequeña y grandes bloques de piedra que hacen más difícil el baño.

Primer salto de las cataratas Nauyaca


Un estrecho sendero con fuerte pendiente comunica los dos grandes saltos. 

El primer salto visto desde un mirador en el sendero

Avanzando por el sendero hacia el segundo salto

La segunda cascada, aguas abajo, es de menos altura, pero tiene una poza accsible donde es posible bañarse, nadar y tomar una ducha bajo sus caños. 

Segundo salto de las cataratas


En esta segunda poza echamos el resto del tiempo disponible y nos tomamos los bocadillos que llevábamos en nuestras mochilas.


El tiempo voló y llegó la hora de retornar al punto de encuentro con nuestro coche de vuelta a Quepos. El conductor tuvo tiempo de ver el partido de fútbol, que ganó Costa Rica y nosotros también nos echamos a la calle para celebrarlo con toda una multitud enfervorecida.

Celebrando la victoria de Costa Rica frente a Grecia en octavos de final del mundial 

La multitud en las calles de Quepos

Terminamos con esto nuestra estancia en Quepos y, al día siguiente, pondríamos rumbo hacia Bahía Drake, para recorrer el Parque Nacional Corcovado. Esto formará parte de la segunda entrada dedicada a Costa Rica.








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